
Artea Pérez cruza el río más famoso de América todos los días. El Amazonas es su carretera, su ómnibus, su sustento. Pero a mediados de septiembre esa vía se atascó. Una fuerte sequía llevó a los niveles más bajos en más de un siglo. Ya no hubo agua para que Artea pudiera navegar en bote por el afluente que conecta su casa con el río principal, en el que transporta los productos que cultiva en su comunidad, en la orilla peruana, hacia el municipio colombiano de Puerto Nariño.






