Una de las caras más populares de la tragedia de Adamuz será ya para siempre la de Julio Rodríguez, el chaval de 16 años que el domingo dejó la caña de pescar y se internó en la oscuridad del campo donde se oían los lamentos que salían de los trenes siniestrados antes de que llegaran los equipos de rescate. Su madre no quería que el muchacho viera todo aquello, pero él y un amigo se empeñaron. Su esfuerzo dio resultados y se ha ganado otra de las medallas de héroe que estos días reparten los medios de comunicación en sus páginas. El rey Felipe VI lo felicitó personalmente en su visita al pueblo cordobés y la cara adolescente de Julio salió en las televisiones. “[Los reyes] me han dicho que están orgullosos de mí. Y que mi actitud es la que deberían tener otros adolescentes”, ha contado.
