La capita crujiente de la carne, la cebolleta picada y la tierna crepe con la que se hacen los rollitos han convertido el pato Pekín en un clásico de los restaurantes chinos, pero apostaríamos todos nuestros yuanes a que su popularidad se debe en gran parte a la salsa hoisin. Este condimento denso de color marrón oscuro, elaborado con soja fermentada y disponible en cualquier tienda de alimentación asiática, tiene un sabor agridulce completamente inconfundible, de esos que conectan en directo con los centros del placer del cerebro. Sus inmensos poderes quedan demostrados cuando se usa para acompañar carnes, pero nadie dice que no los puedas aprovechar en otras preparaciones.
