Surrealismo y ardua realidad, o principio de realidad, como la denominaba Freud, son los dos polos que han hecho bascular el arte nacional e internacional a lo largo de estos doce meses. Del primero deja constancia la conmemoración de los 100 años de la publicación del manifiesto fundacional de André Breton, cuya actividad principal ha sido la desigual y caprichosa exposición Surréalisme en el Centro Pompidou (hasta el 13 de enero), con la secuela oficiosa Otros surrealismos (2025) en la sede madrileña de la Fundación Mapfre, que abordará la contribución española y latinoamericana a esta corriente artística y literaria que, de tan larga vida, parece que definitivamente fallecerá en la cruda realidad y en la religión, como le pasó al loco Don Quijote.
