
En este mundo de prisas, mensajes llamativos y agitaciones, conviene cultivar con calma el jardín de nuestras lecturas. A veces un refugio es la mejor ventana al mundo. Oigo noticias, leo, salgo a la calle y aconsejo libros como una forma de saludar. Mientras se amontonan los trabajos y las preocupaciones, tomarse en serio la vida supone sacar tiempo para leer y quedar con los amigos.
