Solo habrán transcurrido 13 días entre la comparecencia del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la comisión de investigación del caso Koldo en el Senado y el debate monográfico sobre “la corrupción de su familia y de su partido” que se celebrará en el Congreso este miércoles. Si el PP tiene una mayoría más que suficiente para poner en pie comisiones de investigación sobre lo que estime conveniente, con su capacidad numérica en el Congreso también puede convocar al jefe del Ejecutivo. Así lo ha hecho y Sánchez no ha querido demorarse. Primero, dará cuenta de las últimas cumbres europeas y, después, comenzará un debate incómodo, áspero y en el que saldrá políticamente acusado de ser el número uno de una trama de corrupción y de financiación ilegal del PSOE, a propósito de la investigación de la Audiencia Nacional sobre el uso de dinero en efectivo de la caja de Ferraz para los altos cargos.
